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| Viktor Frankl |
Nació en Viena en 1905 y murió en la misma ciudad en 1977. Fue catedrático de Neurología y Psiquiatría y fundador de la Logoterapia, la tercera escuela vienesa de Psicoterapia. Escribió numerosos libros, entre los que destaca El hombre en busca de sentido, uno de los 10 libros que más influencia han tenido en América, según la Librería del Congreso en Washington.
Pero lo más destacable de Viktor Frank es su condición de auténtico superviviente, después de haber sido internado en diversos campos de concentración por ser judío, el último Auschwitz, hecho que pudo haber evitado.
Su hermana huyó a Australia, su hermano quiso huir a Italia, pero fue detenido y deportado a Auschwitz donde murió junto a su familia. Viktor lo tenía más fácil, puesto que poseía un visado para vivir en Estados Unidos. Pero pensó en lo desprotegidos que quedaban sus padres, puesto que intentó obtener un visado para ellos y no pudo conseguirlo. Él y su joven esposa habrían podido huir y tener un futuro prometedor, pero se quedaron. Un día Viktor entró a meditar a la catedral de San Esteban, se sentó y estuvo dando vueltas al asunto: huir de la barbarie, podía hacerlo, pero dejaba solos a sus padres; quedarse era correr un gran riesgo.
Regresó a su casa y encontró la respuesta, la mejor respuesta: se iba a quedar a ocuparse de sus padres. Al cabo de pocas semanas la barbarie, la maldad sin límites entró a su casa, los detuvieron a todos y los llevaron a campos de concentración. Allí murieron todos menos Frankl, que había entendido muy bien que "prójimo" viene de próximo y que los que están al lado son los primeros prójimos. Porque hay mucha gente que se embarca en ONGs, se van a lo lejano y descuidan a los próximos, que tal vez no dé tanto caché.
Muchos supervivientes de los campos de concentración no pudieron sobrevivir una vez fuera, muchos terminaron en el suicidio, la vida les resultaba absurda. Tal es el caso de Primo Levi que lo hizo bastantes años después. Pero Viktor Frankl, que en bastantes ocasiones tuvo esa tentación, siguió adelante venciendo las muchas dificultades que se le presentaron. Y más que probablemente, como terapeuta y como escritor, haya ayudado a mucha gente. Recuperó el sentido de su vida.
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| Platón y Aristóteles |
M. A. es mi ser más querido. Se trata de un joven honesto, enemigo de la mentira, incapaz de la traición a un amigo. Es un ser noble y cabal donde los haya. M. A. es un hombre bueno. Y yo me congratulo de los enormes valores que atesora. Nunca responde al mal gesto de un amigo con otro mal gesto. Y siempre pone buenas y sensatas palabras para aplacar al airado.
Aristóteles no escribió la Ética a Nicómaco para su hijo, sino que alguien que ordenó los libros le puso este título en alusión al nombre de su hijo. En esta obra hay mucho espacio, muchas bellas páginas dedicadas a la amistad.
"Es más fácil contemplar a nuestros prójimos que a nosotros mismos, y sus acciones que las propias, y las acciones de los hombres buenos cuando éstos son amigos suyos,
son gratas a los buenos... El hombre dichoso necesitará de tales amigos, ya que quiere contemplar acciones buenas y que le pertenecen, y tales son las acciones del hombre bueno amigo suyo".
Aristóteles, Ética a Nicómaco.
Dice Marco Aurelio al comienzo del libro II de sus Meditaciones:
"Al amanecer, dite a ti mismo: me voy a tropezar con un indiscreto, un desagradecido, un insolente, un envidioso, un insociable. Todo esto les sucede por su ignorancia del bien y del mal. Pero yo que he visto la naturaleza del bien, que es lo bello, y la del mal, que es lo vergonzoso, y la del mismo que comete la falta, que es de mi género, partícipe no de la misma sangre o semilla, sino de la mente y de una partícula divina, no puedo sufrir daño por obra de ninguno de ellos, pues ninguno me cubrirá de vergüenza; y no puedo enfadarme con un pariente ni odiarlo, porque hemos nacido para una tarea común, como los pies, como las manos, como los párpados, como las hileras de dientes superiores e inferiores. De modo que obrar unos contra los otros va contra la naturaleza y es obrar negativamente enojarse y volverse de espaldas".
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| El Bosco - Envidia |
La envidia es la pena ante el bien ajeno. O sea, algo horrible para el que siente envidia. Que uno se alegre por la dicha ajena es extraordinario, que sepa reconocer los méritos de los demás es de lo más saludable, pero que se apene cuando los otros son dichosos, les van bien las cosas, eso es además de mezquino, pantanoso, cenagoso, insalubre...
El Bosco ilustra la envidia con un burgués que trata de seducir a la mujer de otro y un mercader que mira a un joven noble que pasea con el halcón en el puño. Seducir a la mujer de otro, mirar al joven noble, ¿pero qué hacen estos personajes? Están pendientes de otros, están fastidiados porque no tienen lo que tienen otros.
Eso le pasa al envidioso, nunca está pendiente de su vida, está pendiente de lo que tienen o no tienen los demás, es el ser más desgraciado que existe. Casi más que un pecado o un defecto es una infelicidad.
La envidia se relaciona con el rencor, ese gusano en la conciencia del que hablaba NIetzsche, esa autodestrucción de uno mismo. Porque si tuviera vitalidad y aprendiera a vivir su vida, dejaría de ser envidioso y rencoroso.
Muchas veces decimos: qué envidia me das, pero envidia sana. No existe la envidia sana. Como decía Borges: "El tema de la envidia es muy español. Los españoles siempre están pensando en la envidia. Para decir que algo es bueno dicen que es envidiable". Y es que la envidia es siempre una desgracia. Cuando decimos eso de la envidia sana, tendríamos que usar otras palabras, porque o es envidia o no es envidia, pero es imposible que sea envidia sana.
Contra el vicio de la envidia, el cristianismo propone la virtud de la caridad. Ya he hablado de este tema en otro post dedicado exclusivamente a la caridad y con ese mismo título. Si la caridad es la especie de limosna lastimera que se da, pues no. Si entendemos por caridad lo que debe entenderse, amor al prójimo, entonces sí que es el mejor antídoto, remedio de la ponzoñosa envidia. La caridad limpia y da esplendor.
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| El Bosco - Pereza |
El Bosco ilustró la pereza con la imagen de un eclesiástico que duerme junto a la chimenea, mientras la fe acude en sueños a recordarle sus deberes. En sueños, así vive el perezoso. Como decía Goethe: "Los perezosos siempre hablan de lo que piensan hacer, de lo que harán; los que de verdad hacen algo no tienen tiempo de hablar ni de lo que hacen".
Un reproche que se hace mucha gente cuando llega a las postrimerías de su vida es sobre el tiempo perdido, ese que nunca más va a poder recobrarse, lo que podrían haber hecho y no lo han hecho, el tiempo de la indolencia, cuando lo creían infinito.
La pereza asesina la voluntad, el tiempo, la vida...El perezoso no está nunca satisfecho consigo mismo, no hace lo que tendría que hacer con los demás y mucho menos consigo mismo, dilapida su vida. Claro que habría que descartar una enfermedad o una depresión, entonces ya no podría considerarse pereza. Cuando se ha descartado. lo que queda es pereza. Se considera un vicio que genera otros muchos vicios.
El perezoso es mediocre porque no ha conseguido dirigir su vida, enriquecerse, crecer. No ha podido o querido hacer aquellas cosas que le hubieran podido proporcionar una vida más plena y satisfactoria.
Contra la pereza está la virtud de la diligencia: acción, productividad frente a la pasividad. Vencer la pereza y dirigir la propia vida en contra del deseo indolente de la postración. El diligente es más culto, más vital. Pero no confundir la diligencia con la hiperactividad. Esta también es un defecto: hay personas que no pueden parar, que tienen que estar siempre haciendo algo de una forma neurótica, de aquí para allá, completamente perdidos tanto o más que el perezoso, porque hacen un derroche de energía in vacuo, que no lleva a ninguna parte.
De modo que pereza no, hay que vencerla y se puede. Pero tampoco el extravío en actividades constantes e innecesarias. Son dos defectos a vencer y se puede, claro que sí.
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| El Bosco - Ira |
La ilustración del Bosco representa la ira con una pelea de dos campesinos que se están dando una buena tunda, mientras que una mujer trata de aplacarlos.
La ira es devastadora, nos convierte en seres destructivos de cuanto nos rodea y de nosotros mismos. Es una especie de caballo de Atila, aunque depende en mucho del grado y la intensidad.
En una pequeña medida, se puede hablar de una ira buena. Nos permite defendernos y rebelarnos ante la injusticia. Hasta Jesucristo la sintió cuando arrojó a los mercaderes del templo. Sin embargo, cuando nos ciega, cuando se convierte en un hábito y está totalmente descontrolada, entonces se convierte en un pecado o en un vicio.
En Occidente, concretamente en el cristianismo, la ira es entendida como "un apetito desordenado de venganza".
¿Cómo hay gente aparentemente tranquila que de repente se revelan como extremadamente crueles y asesinos? Probablemente porque han ido acumulando ira sobre ellos mismos a lo largo del tiempo hasta que finalmente les estalla en las manos y la vierten sobre los demás.
Sin ser asesinos en serie o algo así, a la mayoría nos pasa algo parecido, solo que en plan más modesto. Acumulamos rabia y no sabemos quitárnosla de encima y, en un momento determinado y por cualquier chorrada, le damos un destino equivocado, se la damos al prójimo, a quien le suele pasar lo mismo.
En el Oriente, concretamente en el budismo, la ira es considerada como uno de los Tres Venenos:
La ira
El apego o deseo
La ignorancia.
De cada uno se desprenden otros vicios, en el caso de la ira:
-Cólera
- Resentimiento
- Rencor
- Envidia/celos
- Crueldad
O sea que nada bueno, todo destructivo. El problema que se plantea es ¿qué hacer con la ira? Unos dicen que controlarla y otros que suprimirla (¿reprimirla?).
Desde luego el control es mejor que nada. En el cristianismo se recomienda la virtud de la paciencia. Eso de contar hasta 10 antes de tirarse a degüello, o hasta 100, 1000 o lo que haga falta, parece buena cosa para remediar el ímpetu y tener la dosis mínima de ira bien temperada. Como decía Santa Teresa, en plan estoico:
Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda,
la paciencia
todo lo alcanza.
Con creencias religiosas o simplemente estoicas, parece buena recomendación. Aunque también la paciencia tiene sus límites.
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| El Bosco - Lujuria |
La lujuria es el pecado o vicio de la carne, no de la que te comes (eso sería gula), sino de la que tienes, de la tuya propia. Es el deseo excesivo de sexo. Una línea separa la lujuria de la gula: la cintura. Por tanto no debería considerarse otra virtud que la templanza.
En la ilustración del Bosco hay dos parejas que se están dando a la vida licenciosa y muelle. ¿Qué vendrá después?
El cristianismo ha dado excesiva importancia a este pecado, como si no los hubiera peores. Tanta ha sido la atención que se ha prestado al 6º mandamiento que subdividieron el pecado de la lujuria en: fornicación, estupro, rapto, incesto, sacrilegio, adulterio, polución voluntaria, sodomía y bestialismo.
No hace falta exagerar ni llegar a tanto. A nadie hace daño que dos personas o una sola gocen del placer sexual, siempre que se haga con moderación y sobre todo con respeto. Pero tampoco todo es bueno en el sexo, hay cosas que incluso son delito. Lo peor es el daño que se puede infringir a los otros o incluso a sí mismo. Hace falta recordar los desórdenes que se pueden producir, tales como la violación, la prostitución, la pederastia, etc.
El libidinoso o lujurioso es tan esclavo de sí mismo como el glotón o el alcohólico, es esclavo de su propio deseo inagotable, de su propia obsesión. Los hay adictos al sexo. Don Juan es un desgraciado porque no halla en la satisfacción efímera de su poderoso e inagotable deseo más que un vacío de sí, un vacío que nada llena por muchas que sean las relaciones que tenga con tantas mujeres. Es desgraciado porque no es capaz de amar a nadie, ni siquiera a sí mismo. Por tanto, el sexo tiene que estar siempre dentro de los límites del respeto y el consentimiento mutuos, pero también, en la medida de lo posible, del amor.
La virtud que se opone a la lujuria es la castidad. Claro, depende de qué es lo que entendemos castidad. Si entendemos por castidad abstinencia, entonces supondremos que es buena para quien la elija, pero no obligatoria para nadie. Pero si entendemos por castidad, no abstinencia, sino pureza, entonces es buena para todos. Nada mejor que tener un corazón puro, no ver nada malo donde no lo hay, estar poseído por la alegría, la ternura, la amabilidad, la inocencia... Eso es de lo mejor.
Pero podemos también considerar que la virtud que regularía el apetito sexual fuera también la que regula la gula: la templanza, moderación continencia, el control del apetito desordenado, por tanto el control de sí mismo. La gran virtud de la templanza es tan importante que hace posible el resto de las virtudes.