domingo, 15 de julio de 2012

L. Kohlberg - La conquista de la autonomía



L. Kohlberg

 L. Kohlberg se basó en los estudios de Piaget para elaborar su teoría del desarrollo moral. Creía que todos los individuos podían pasar, aunque no necesariamente, por una serie de etapas que van desde la heteronomía hasta la autonomía. Y esto lo convirtió en un universal, válido para cualquier persona con independencia de su cultura y etnia.
Se puede saber el momento en que se encuentra la conciencia moral de una persona en base a las razones que da acerca de determinados problemas que se le plantean.
Dividió este desarrollo en 3 niveles, cada uno de los cuales consta de 2 etapas. Cada nivel y cada etapa nuevo representa un progreso respecto del anterior.

A. Nivel preconvencional, caracterizado por la heteronomía moral, las razones por las que se obra vienen de fuera. Consta de 2 etapas:

1. Miedo al castigo. Se somete a las normas por el temor al castigo. Es puramente un punto de vista egocéntrico puesto que no se reconocen los intereses de los demás.
2. El propio interés, individualismo. Se aceptan las reglas en la medida en que me favorecen. Hay una pequeña progresión puesto que se reconocen los intereses de los demás, hay un intercambio entre iguales. Do ut des, doy para que me des. Busco mi interés y en esa medida reconozco que los demás también los tienen.


B. Nivel convencional. De transición hacia la autonomía. Ya hay una identificación con el grupo y se considera bueno o malo aquello que la sociedad considera como tales.


3. Expectativas interpersonales mutuas. De conformidad con el grupo,  se busca vivir de acuerdo con lo que los demás esperan de uno. "El buen chico", "la buena chica". Dar una buena imagen ante los padres y especialmente los amigos. Se busca el reconocimiento de los demás a costa de dejarse llevar. Típico de la adolescencia.
4. Sistema social establecido. Se considera que lo bueno es cumplir las normas establecidas para buscar el bien común. Es el inicio de la autonomía.


C. Nivel postconvencional. Es el logro de la autonomía. Se enfocan los problemas desde una perspectiva superior a la sociedad, desde un punto de vista propio más allá de lo establecido por la sociedad.


5. Contrato social y derechos individuales. Se obedece la ley a causa del contrato social. Se reconocen 2 derechos universales: la libertad y la vida. Se aceptan las normas obtenidas por contrato social y consenso que son validas para una sociedad determinada, por tanto relativas.
6. Principios éticos universales. Valen los principios éticos escogidos por uno mismo (plena autonomía). Uno actúa de acuerdo a tales principios y respeta y acata las leyes cuando son acordes a dichos principios, pero si fueran contrarias, su propia conciencia lo llevaría a rebelarse contra esas leyes.


Kohlberg sostiene que la mayoría de la humanidad no pasa del nivel convencional y que a la plena autonomía sólo llega una minoría de la sociedad.
 


lunes, 9 de julio de 2012

Simpatía como remedio




Bertrand Russell

 Bertrand Russell escribió este hermoso y conmovedor texto:

 "Unido con sus semejantes por el más fuerte de todos los vínculos, el de un destino común, el hombre libre encuentra que siempre lo acompaña una nueva visión que proyecta sobre toda tarea cotidiana la luz del amor. La vida del hombre es una larga marcha a través de la noche, rodeado de enemigos invisibles, torturado por el cansancio y el dolor, hacia una meta que pocos pueden esperar alcanzar, y donde nadie puede detenerse mucho tiempo. Uno tras otro, a medida que avanzan, nuestros camaradas se alejan de nuestra vista, atrapados por las órdenes silenciosas de la muerte omnipotente. Muy breve es el lapso durante el cual podemos ayudarlos, en el que se decide su felicidad o su miseria. ¡Ojalá nos corresponda derramar luz solar en su senda, iluminar sus penas con el bálsamo de la simpatía, darles la pura alegría de un afecto que nunca se cansa, fortalecer su ánimo desfalleciente, inspirarles fe en horas de desesperanza".

Bertrand Russell, Misticismo y lógica.

Ojalá que nos sea dado poder derramar esa simpatía tan necesaria, ojalá que podamos también recibirla. Que el camino nos sea más amable.



 

viernes, 29 de junio de 2012

Autonomía sí, gracias






A lo largo de toda la historia se ha señalado la importancia de la autonomía. Podemos verlo en este texto de Marco Aurelio:

"No actúes contra tu voluntad, ni antisocialmente, ni sin análisis, ni dejándote arrastrar. Que la afectación de lenguaje no embellezca tu pensamiento; no seas charlatán, ni quieras hacer muchas cosas. Más aún, sea el dios que hay en ti el gobernante de tu ser viril, maduro, social, romano, el caudillo que se ha asignado su puesto como si estuviese esperando la señal para dejar la vida dócil a la separación, sin necesitar juramento ni ningún hombre por testigo. Y por dentro, serenidad, ausencia de necesidad de ayuda externa y de la tranquilidad que proporcionan otros. Así que es preciso estar recto, no que te pongan recto".

Marco Aurelio, Meditaciones

lunes, 25 de junio de 2012

¿Autonomía?





Autonomía y heteronomía son conceptos antónimos.
La palabra autonomía procede de dos vocablos griegos, autos y nomos, uno mismo y ley, norma. Significa darse a sí mismo la norma, la ley.
Heteronomía viene de heteros, otro, y nomos. Significa que la ley no se la da uno mismo, sino que procede de otro. 
El ser autónomo sabe pensar por sí mismo y actúa según los principios y normas que él mismo decide libremente. Para ello hay que tener el coraje de liberarse de la tutela de los que quieren pensar por nosotros. Mucha gente cree que ser autónomo es hacer el capricho, la apetencia, cuando eso no es sino estar a merced, no sólo de la opinión ajena, sino de los propios apetitos que son unos auténticos tiranos de los que cuesta más librarse que de todo lo externo. Es propio del ser heterónomo ser esclavo de un mismo.
Todos hemos sido heterónomos y puede que lo sigamos siendo, quizá la mayoría de la humanidad lo sea. La autonomía no se da como regalo sino que es una conquista personal que exige, como decía Kant, coraje, valor.
Crecer, madurar y generar criterios propios, saber vencer las inclinaciones que nos apartan del recto proceder que hemos determinado nosotros mismos, saber andar por senderos solitarios y saber disentir de la mayoría cuando uno lo cree necesario, eso es ser autónomo. No puede darse la autonomía sin libertad y el miedo a cortar las dependencias que nos atan a otras personas y a muchas cosas es el mismo miedo que a la libertad. Cortar las ataduras y ser lo que uno de verdad quiere ser no es tarea fácil. 



viernes, 15 de junio de 2012

El imperativo categórico



I. Kant

Una de las preguntas que cualquiera puede plantearse es ¿cómo debe ser mi conducta? La respuesta le corresponde a la Ética. Desde luego cuando alguien se plantea esto, tiene muchos sitios a los que acudir. Religiones, ideologías, amigos, vecinos, padres... Todos tendrán una respuesta que darle. Pero cuando se lo plantea Kant, no trata de darle ninguna respuesta concreta ya que cree que el criterio y la decisión depende de uno mismo, cree que es hora de hacernos mayorcitos y aprender a pensar por nosotros mismos. No hay soluciones mágicas en la ética kantiana, hay sólo una especie de forma general a la que deberían ajustarse nuestras acciones. Así, cuando uno se plantea la cuestión, la única respuesta posible por parte de Kant es el imperativo categórico. Cuando se oye decir esto, lo primero que se viene a las mientes es: "oiga, esto me lo dice usted en la calle", porque suena rarito. Pero básicamente es la regla de oro pero con más pinta de universal. Se formula de la siguiente manera: "Obra de tal manera que tu conducta pueda ser ley universal". Es el deber que uno decide porque antes de realizar una acción, para saber si obra bien o mal, se pregunta, ¿qué pasaría si todo el mundo hiciera lo mismo? ¿El resultado sería un mundo deseable y habitable? Si todo el mundo roba, si todo el mundo mata, etc, habría que evitar un mundo así. Por tanto, he de hacer lo que cualquiera, no sólo yo, debería hacer para conseguir el mejor de los mundos posibles. De modo que el taradito masoquista debería pensar que el resultado de la universalización de su acción sería absolutamente repugnante.
En tanto que ser autónomo, dotado de razón y de buena voluntad, actuaré de acuerdo al deber que yo mismo me doy.
La película que viene más a cuento es Solo ante el peligro. El sheriff ha dejado de serlo, se está casando y se dispone a marcharse para cumplir su sueño de tener un rancho y vivir en familia. Pero unos bandidos llegan en el tren al pueblo. En un acto de suprema autonomía y valentía, decide enfrentarse a los bandidos sólo porque lo considera su deber, aun cuando vaya en contra de sus propios intereses y los consejos de todo el mundo para que se largue. Se queda solo porque los demás son unos cobardes. El resultado de la universalización de la conducta de los cobardes es un pueblo del que se han apoderado los bandidos. El resultado de la acción del héroe es el de un pueblo donde vuelve a reinar la ley y el orden. Sí, desde luego, Gary Cooper lo tenía muy claro.


lunes, 11 de junio de 2012

La regla de oro


Van Gogh - El buen samaritano
                                                         
Es muy fácil instalarse en el cómodo refugio del relativismo, cada uno a lo suyo, como alguien dijo en televisión: cada uno tiene su verdad y yo cuento la mía. Pero es necesario superar ese relativismo barato, nacido muchas veces de la pura comodidad, de la pereza de poner el entendimiento en marcha y hacer un esfuerzo en buscar principios y normas universales, que puedan servir para todos. También es difícil el acuerdo.
Desde siempre, en todas las culturas y religiones, ha circulado la llamada Regla de oro de la conducta. Se ha formulado de dos formas:

En su versión negativa: No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti.

En su versión positiva: Haz a los demás lo que quisieras que te hicieran.

La versión positiva es mejor. Uno sabe a qué atenerse a la hora de decidir qué hacer, sin tener que estar obedeciendo reglas interminables que le vienen prescritas de fuera. Pero, claro, nadie ni nada es perfecto. Para serlo, la regla de oro tendría que ser aplicada por gente que estuviera en sus cabales, porque, ¿qué pasaría cuando un masoquista decidiera hacer a los demás lo que quiere para él? Que pronto se convertiría en un sádico. Y a nadie le gustaría que le hiciera un favor.
En general sigue siendo una constante para plantearse qué hacer, pero peca de subjetiva y como cada cual es hijo de su padre y de su madre, a saber qué quiere para sí cada uno y qué le gusta, porque para gustos los colores.


miércoles, 6 de junio de 2012

Yang Chu






Decía este filósofo chino, en defensa de la libertad:


"Lo que el oído desea oír es música, y la prohibición de oír música se llama obstrucción al oído. Lo que el ojo desea ver es belleza, y la prohibición de ver belleza es llamada obstrucción a la vista. Lo que la nariz desea es oler perfume, y la prohibición de oler perfume es llamada obstrucción al olfato. De lo que la boca quiere hablar es de lo justo e injusto, y la prohibición de hablar de lo justo e injusto es llamada obstrucción al entendimiento. Lo que el cuerpo desea disfrutar son ricos alimentos y bellas ropas, y la prohibición de gozar de éstos se llama obstrucción a las sensaciones del cuerpo. Lo que la mente quiere es ser libre, y la prohibición a esta libertad se llama obstrucción a la naturaleza".

De este modo, la falta de libertad es algo contra natura.