sábado, 4 de febrero de 2012

Cartas a un joven poeta





Rainer Maria Rilke


Rainer Maria Rilke era ya un poeta consagrado cuando recibió la primera carta de un joven que le mandaba algunos versos y le pedía su opinión acerca de si consideraba que él tenía talento para ser también poeta. El maestro respondió al joven y a partir de ahí se inició una serie de correspondencia entre ellos. El joven publicó las cartas que Rilke le había escrito bajo el título de Cartas a un joven poeta. Hay que decir que el joven en todo momento recibió el aliento del poeta, que lo animó a seguir por ese camino y que le dio una serie de consejos de lo más interesantes (¡cuántas vocaciones se habrán truncado por la mala opinión de algún crítico).


"Si su vida cotidiana le parece pobre, no la culpe, cúlpese usted; dígase que no es lo bastante poeta para suscitar sus riquezas. Para los creadores no hay pobreza ni lugar pobre, indiferente".
 Más adelante le recomienda la vuelta a sí mismo, con la convicción de que uno mismo está por descubrir, que cada uno de nosotros encierra un tesoro.


"He aquí por qué, estimado señor, no he sabido darle otro consejo que éste; volver sobre sí y sondear las profundidades de donde proviene su vida; en su fuente encontrará la respuesta a la pregunta  -si debe crear. Admítala como suene, sin utilizarla". 


La creatividad es una buena manera de superar el nihilismo, de salir del pozo en el que uno se ha sumido. Muchos artistas cayeron en él, pero dieron un sentido a su vida con la obra que crearon aunque a veces fuera un parto doloroso.
Es cuestión de imaginación, de cambiar el punto de vista, de adoptar uno personal y de ver lo que nos rodea de manera más inmediata con una perspectiva más creativa. Lo más inmediato a nosotros somos nosotros mismos, basta una mirada interior para sacar la creatividad y la riqueza que llevamos dentro. Demasiado ruido nos rodea para ese silencio creador que necesitamos tanto.

martes, 31 de enero de 2012

Un mal de nuestro tiempo

Medardo Rosso: Ecce puer

Un joven que leyó el texto del loco me dijo que Nietzsche era un arrogante. Probablemente se podrían añadir más cosas, porque fue a veces contradictorio, porque fue más poeta que filósofo, porque gritó entre la multitud. No me gusta todo lo que dijo, pero su diagnóstico de la sociedad occidental y del hombre fue bastante atinada.
Nietzsche llamaba nihilista al hombre moderno, a su contemporáneo. Y como murió en 1900 cuando hablaba de hombre moderno no se refería al hombre actual.
¿Qué ha pasado en los años que median entre la muerte de Nietzsche y la actualidad? De todo, y esto incluye Auschwitz, todas las guerras del siglo XX y el estrellato de la sociedad de consumo. La sociedad está más masificada que nunca, los medios de comunicación y en especial la tv, es decir, la telebasura a la que están adictas millones de personas. Y la compulsión por todo, la prisa por hacer muchas cosas ninguna de las cuales satisface, y el vacío, el vacío...
Las antiguas iglesias han sido sustituidas por los nuevos centros comerciales donde la gente pasea su hastío, su tedio. Los antiguos dioses tienen ahora cabezas visibles: toda aquella gente cuya opinión cuenta, que no sabe nada pero que opina, le ponen un micrófono y una cámara y vomita toda suerte de chorradas. Opinión, sólo opinión, porque ya nadie aspira al saber, la gente no es capaz de quedarse en casa a leer, a estar con la familia, a estar consigo misma, sólo salir, salir, ir a los cines llenos de gente, a las tiendas de escaparates atractivos, moverse entre ellos aunque nada compre, porque nada necesita. Ir a los bares y atiborrarse de alcohol, a los botellones masificados, el horror, porque nada ni nadie llena el inmenso agujero negro del vacío existencial. 
No sé qué se puede decir hoy del nihilismo, basta con describir, con observar... La vida más sin sentido que nunca. Nadie está satisfecho. La melancolía, la falta de lucha, la falta de creatividad, la falta de valores, la falta de vitalidad...

viernes, 6 de enero de 2012

El loco lúcido

Lehmbruck: Joven sentado


El texto de Nietzsche es sensacional, tan bello como trágico. La pena es no poderlo leer en alemán, no hay más remedio que pasar por el traductor y aún así es tremendo.
El loco es el único que posee lucidez en medio de la multitud que se burla de él. Es el único que advierte la importancia de la llamada "muerte" de Dios, las terribles consecuencias que le pueden sobrevenir al hombre.
La "muerte" de Dios significa la caída de los valores morales que la idea de Dios suntenta, imperantes en la cultura occidental. Por tanto Nietzsche se refiere no sólo a la decadencia de la cultura occidental, sino también a la situación del hombre moderno, hombre que no es consciente de ello y no advierte (como los que hablan en la plaza y se burlan del loco) lo que realmente le sucede: el nihilismo. 
El nihilismo es la amenaza de la nada, el vacío, algo que se produce cuando el hombre se queda sin referentes, de ahí la tragedia que advierte el loco: "¿cómo hemos podido vacíar el mar?" "¿Quién nos ha dado una esponja para borrar todo el horizonte?" "¿No sentimos el soplo del vacío sobre nuestro rostro?"...
Expresiones poéticas y terribles: han caído los valores predominantes, ascéticos, contrarios a la vida pero no han sido sustituidos por otros, los hombres ya no creen en nada, ya no hacen nada, no son capaces de superar su estancamiento nihilista ("la magnitud de este acto es demasiado grande para nosotros"). Y ésta es su situación y su enfermedad, al menos mientras no sea capaz de crear otros valores, sus propios valores vitales, que dicen sí a la vida.
Ese será el nuevo hombre, afirmativo, autónomo y creador, una superación del hombre contemporáneo mediocre, gregario y reactivo.

martes, 3 de enero de 2012

El loco

E. Munch: Nietzsche

¿No habéis oído hablar de aquel loco que encendía una lámpara en pleno día y se ponía a correr por la plaza pública gritando sin cesar: "¡Estoy buscando a Dios! ¡Estoy buscando a Dios!" Mas como había allí muchos que no creían en Dios, sus gritos provocaban una gran carcajada. ¿Se ha perdido como un niño? Le decía uno. ¿Se ha escondido? ¿Tiene miedo de nosotros? ¿Se ha embarcado? ¿Ha emigrado? De este modo gritaban y se reían ruidosamente. El loco se colocó entre ellos y los fulminó con la mirada. "¿A dónde se ha ido Dios? Gritó, voy a decíroslo. ¡Nosotros lo hemos matado... vosotros y yo! 'Nosotros, todos nosotros somos sus asesinos! Mas ¿cómo lo hemos hecho? ¿Cómo hemos podido vaciar el mar? ¿Quién nos ha dado una esponja para borrar todo el horizonte? ¿Qué hemos hecho cuando hemos soltado la cadena que unía esta tierra con el sol? ¿A dónde va ahora ésta? ¿A dónde vamos nosotros mismos? ¿Lejos de todos los soles? ¿No caemos sin cesar? ¿Hacia delante, hacia atrás, de lado, de todos los lados? ¿Hay todavía un arriba y un abajo? ¿No marchamos errantes como por una nada infinita? ¿No sentimos el soplo del vacío sobre nuestro rostro? ¿No hace frío? ¿No se cierne sobre nosotros siempre la noche, más y más la noche? ¿No es preciso encender la lámpara por la mañana? ¿No resuena todavía en nuestros oídos el ruido de los sepultureros que entierran a Dios? ¿No nos alcanzan aún los efluvios de la descomposición divina?... ¡Los dioses se descomponen también! ¡Dios ha muerto! ¡Dios permanece muerto! ¡Y somos nosotros los que lo hemos matado! ¡Cómo podremos consolarnos, nosotros, asesinos entre los asesinos? Lo que el mundo ha poseído de más sagrado y poderoso hasta hoy ha ensangrentado nuestro cuchillo;... ¿quién nos limpiará esta sangre? ¿Qué agua podría lavarla? ¿Qué expiaciones, qué juegos sagrados estaremos forzados a inventar? La magnitud de este acto es demasiado grande para nosotros. ¿No sería preciso que deviniéramos dioses para parecer, simplemente, dignos de ella? ¡Jamás hubo una acción más grandiosa y, cualesquiera que sean los que puedan nacer después, pertenecerán, a causa de ello, a una historia más alta que ninguna de las historias hasta ahora acontecidas!".

Nietzsche, La gaya ciencia.

martes, 20 de diciembre de 2011

Felicidad y deber

Delacroix: El naufragio de don Juan


Buscamos la felicidad pero no se trata sólo de eso. Es imposible que sea la meta suprema y menos que sea lo más importante. Siempre estamos hablando de ser felices como si fuera lo único que nos importa. Pero no estamos solos, somos sociales por naturaleza, al menos la vida individual sería imposible sin los otros. 
El hombre es un ser moral principalmente porque es social. Nadie podría vivir sin los demás aunque en algún momento de su vida se vea sobrepasado, se harte, tenga el deseo de prescindir de ellos y se retire al desierto o a una isla desierta... Los otros no son el cielo ni el infierno, pero compartimos un destino común. Tratamos de ver y analizar cómo deberían ser nuestras relaciones con los demás. No existe una tabla de salvación individual, no podemos ser felices al margen del resto. Nuestro destino humano está unido a otros destinos humanos.
De ahí viene que sea muy legítimo aspirar a la felicidad, pero no puede ser el único deseo ni siquiera el máximo. Existen otros valores como la Justicia, el compromiso con la sociedad, el cumplimiento del deber que son ineludibles. Todos los derechos humanos representan deberes, tenemos derechos y cada derecho significa un deber hacia los otros.
"Nada de lo humano me es ajeno" decía Terencio. Estamos hechos de la misma materia, de los mismos sueños. Podemos comprendernos con relativa facilidad. Estamos necesitados de esa comprensión y de esa relación. Y en esa maraña de relaciones tratamos de vivir con más o menos facilidad, pero nunca al margen de los demás.







sábado, 10 de diciembre de 2011

Declaración Universal de Derechos Humanos


 

 

 

 

PREÁMBULO

Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana;
Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias;
Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión;
Considerando también esencial promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones;
Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad;
Considerando que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades fundamentales del hombre, y
Considerando que una concepción común de estos derechos y libertades es de la mayor importancia para el pleno cumplimiento de dicho compromiso;
LA ASAMBLEA GENERAL proclama la presente DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Felicidad y placer

Caravaggio: Baco


Aunque en general todo el mundo opina que vivimos para ser felices, es muy difícil determinar qué es la felicidad. Para muchos se relaciona con el placer de una u otra forma. Otros como Platón separan felicidad y placer, incluso creen que el placer aleja de la vida feliz y es un obstáculo para alcanzarla. Algunos la identifican con el placer, tal es el caso de los hedonistas. Epicuro consideraba que la felicidad y el placer son lo mismo. Aristóteles ni creía que la felicidad y el placer fueran lo mismo ni que estuvieran reñidos, el placer es un peldaño en el camino a la felicidad. Aristóteles tenía un mucho sentido común al creer que la felicidad requiere la posesión de ciertos bienes materiales: una cierta salud, algún dinero y placer...
Pero todos los que defendían la bondad del placer, creían que tenía que estar sujeto a medida. No hay que pasarse, porque si se hace, aparecen problemas mayores. La medida en el uso y disfrute del placer es la templaza, virtud por excelencia, también llamada moderación o continencia. Si nos gusta comer, nos sentimos muy a gusto cuando lo hacemos, la comida nos hace disfrutar, pero si nos pasamos inmediatamente nos sentimos mal. La templanza viene a ser una especie de disciplina para impedir que abusemos y permitir el autocontrol.
Cuando Epicuro o Aristóteles hablaban del placer no tenía nada que ver con el uso actual, tan ligado a la práctica y abuso de ciertos placeres mediocres.

"Así pues, cuando decimos que el placer es nuestro fin último, no entendemos por esto los placeres de los viciosos ligados al goce material, como dicen las gentes que ignoran nuestra doctrina, o que no comparten nuestros puntos de vista, o que nos interpretan mal. El placer que nosotros propugnamos se caracteriza por la ausencia de sufrimientos corporales y de perturbaciones del alma."
 Epicuro: Carta a Meneceo.