martes, 19 de febrero de 2013

La cigarra y la hormiga



Samaniego

Una fábula es un relato breve con moraleja y un alto nivel moralizante. Generalmente se toman los animales como protagonistas con propiedades antropomórficas. Fábulas y fabulistas hay desde siempre, algunos más conocidos que otros. Una de la fábulas que más me han inquietado siempre es la de La cigarra y la hormiga. Esopo, La Fontaine y Samaniego escribieron la fábula.
Canta la cigarra en verano. Sus cantos alegran su vida y la de quienes la escuchan. Canta y canta pero no trabaja, no es previsora, vive el día, el momento y olvida que después del verano vendrá el otoño y el frío invierno en el que será imposible procurarse provisiones. 
Mientras la cigarra canta, la esforzada hormiga, que es previsora, trabaja arduamente, sin tregua, es consciente de que tiene que asegurarse la comida del invierno.
Cuando llega el invierno, la cigarra no tiene nada que comer y acude a la hormiga para que le dé algo de comida. La hormiga se la niega y le dice que si en verano cantaba, ahora baile.
Y esta es la lección que la fábula intenta transmitir, pero no es lo que a mí me transmite. Veo a la hormiga como una desnaturalizada, carente de compasión y caridad, valores necesarios para vivir, sin ellos somos como animales.
Compadezco a la cigarra y también creo que la hormiga es digna de compasión porque está llena de rencor y avaricia, sólo vive para sí. Al menos la cigarra ha producido alegría a su alrededor.


jueves, 31 de enero de 2013

Sabiduría oriental





Una mujer fue una vez a ver al Buda, trastornada por la muerte de su hijo. Con el niño muerto entre sus brazos, imploró al maestro una medicina que devolviera la vida a su pequeño.
- De acuerdo -respondió-, pero primero debes traerme una semilla de mostaza.
 ¡Una semilla de mostaza! ¡Qué fácil! -respondió la mujer.
-Pero -agregó el Buda- debes tomarla de una casa donde nadie haya muerto.
La mujer salió corriendo a pedir una semilla de mostaza y llamó a una casa tras otra. Pero al preguntar si alguien había fallecido en la casa, la respuesta era siempre:
- Desgraciadamente sí. Los muertos son muchos, y los vivos, pocos.
Totalmente desesperada, se preguntaba dónde podría encontrar la semilla que necesitaba. Finalmente comprendió el mensaje: la muerte llega a todo el mundo; no existe escapatoria. Así pues, fue a reunirse con el Buda y dejó a su hijo en el suelo diciendo:
- Ahora sé que no estoy sola en este inmenso duelo. La muerte llega a todos.

Tradicional budista


martes, 15 de enero de 2013

Necesidad de trascendencia



Isabel Guerra

Si tuviera que explicar por qué Kant perseveró en la creencia en Dios, no encontraría mejor referencia que un pasaje de Víctor Hugo. Lo citaré tal como me ha quedado grabado en la memoria: una mujer anciana cruza una calle, ha educado hijos y cosechado ingratitud, ha trabajado y vive en la miseria, ha amado y se ha quedado sola. Pero su corazón está lejos de cualquier odio y presta ayuda cuando puede hacerlo. Alguien la ve seguir su camino y exclama: "ça doit avoir un lendemain", eso debe tener un mañana. Porque no eran capaces de pensar que la injusticia que domina la historia fuese definitiva, Voltaire y Kant exigieron un dios, y no para sí mismos.

M. Horkheimer, Teoría crítica


domingo, 30 de diciembre de 2012

Sobre la bondad



Marco Aurelio - Meditaciones


¿Alguien me va a despreciar? Él verá. Yo, por mi parte, veré que no me halle haciendo o diciendo nada digno de desprecio. ¿Me va a odiar? Él verá. Pero yo seré benévolo y bien intencionado con todo el mundo, dispuesto a señalarle a ese mismo su menosprecio, sin injuriarlo, no como demostrándole que lo soporto sino generosa y bondadosamente, como el famoso Foción, si es que no fingía. Pues conviene que las cosas de dentro sean así, y que los dioses vean a un hombre cuya disposición no es indignarse con nada ni se toma nada a la tremenda. Pues ¿qué mal hay para ti si haces ahora lo apropiado a tu naturaleza y aceptas lo que ahora es oportuno para la naturaleza universal, atento a ver por qué medio realizas lo conveniente para la comunidad?

Marco Aurelio, Meditaciones


lunes, 10 de diciembre de 2012

El anillo de Giges




David - Muerte de Sócrates

En el Libro I de La República de Platón se habla de la justicia y aparece la historia de lo que le ocurrió a Giges, un pastor que un día encuentra un anillo mágico que tiene la propiedad de volver invisible al que lo lleva. Basta tan sólo girar el engaste hacia el interior para volverse invisible y cuando se le vuelve a dar la vuelta, se recupera la visibilidad. Giges había pasado hasta entonces por un hombre bueno. Pero cuando se puso el anillo no se resistió a la tentación de entrar en palacio, seducir a la reina, matar al rey, hacerse con el poder y aprovecharlo en su beneficio. El que cuenta la historia sostiene que el hombre justo dejaría de serlo si tuviera un tal anillo. El bueno y el malo lo son por el miedo que puedan tener al castigo, pero si el bueno tuviera una ocasión como Giges, dejaría de serlo inmediatamente.
Claro está que ni Sócrates ni Platón defienden esta idea, el hombre justo, si tuviera el anillo, seguiría siendo justo y no se dejaría llevar por la codicia.
Resulta difícil saber qué haría cada uno de nosotros si se viera en una situación parecida. ¿Robaría uno en un centro comercial si supiera que nadie lo va a ver, que nada le va a ocurrir?     ¿Qué haríamos si tuviéramos acceso a un banco y tuviéramos la certeza de que nadie sabría nunca que nos hemos llevado todo el dinero que allí había? ¿Todos sin excepción lo haríamos? ¿No habría ningún justo? La verdad es que es para pensarlo, porque siempre es posible buscarse excusillas, pequeñas justificaciones: "los banqueros son unos ladrones y quien roba a un ladrón"... "Los propietarios de los grandes almacenes abusan en los precios"...
Y si no hablamos ya de objetos materiales, sino de quitarse de en medio o, sin llegar a tanto, hacerle una mala pasada al que nos cae mal o nos ha cometido algún perjuicio...
¿Quedaría algún hombre justo?


jueves, 6 de diciembre de 2012

Acerca de la dignidad




Tiziano - Sísifo

En el reino de los fines todo tiene un precio o una dignidad. Aquello que tiene precio puede ser sustituido por algo equivalente; en cambio lo que se halla por encima de todo precio y, por tanto, no admite nada equivalente, eso tiene una dignidad.
Lo que se refiere a las inclinaciones y necesidades del hombre tiene un precio comercial; lo que, sin suponer una necesidad, se conforma a cierto gusto, es decir, a una satisfacción producida por el simple juego, sin fin alguno de nuestras facultades, tiene un precio de afecto; pero aquello que constituye la condición para que algo sea fin en sí mismo, eso no tiene  meramente valor relativo o precio, sino un valor interno, esto es, dignidad.
La moralidad es la condición bajo la cual un ser racional puede ser fin en sí mismo, porque sólo por ella es posible ser miembro legislador en el reino de los fines. Así, pues, la moralidad y la humanidad, en cuanto que ésta es capaz de moralidad, es lo único que posee dignidad.

I. Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres.


sábado, 24 de noviembre de 2012

Del tener al ser




Magritte - El maestro de escuela


Es difícil la felicidad, la paz y casi todo lo bueno. Hace falta toda una vida para aprender algo, y aún así tendríamos que vivir otra para rectificar tantos errores que cometemos, casi todos relacionados con el hecho de no saber determinar los verdaderos fines de la vida, lo que realmente tiene importancia de lo que es banal. Y andamos perdidos sin dedicar tiempo a estos menesteres, mientras que nos agobiamos y perdemos todas nuestras energías en lo que carece de importancia. Creemos que las actividades a las que dedicamos nuestra atención nos van a hacer felices y llenar de sosiego, pero resulta más bien todo lo contrario.
De estas cosas trata el libro de E. Fromm, Del tener al ser. Como es recurrente en su obra,el ser humano no puede desarrollarse plenamente en la sociedad capitalista, más bien todo lo contrario, le impide su desarrollo.
A pesar de la dificultad evidente que entraña la realización personal, vale la pena intentarlo. Ante todo hay que tener en cuenta que para adquirir un arte de vivir, es necesario esfuerzo y sufrimiento, no se pueden rechazar porque sin esfuerzo y disciplina no se consigue nada.
La vida humana en la sociedad capitalista se centra en el "tener". Habría que centrar la atención en el "ser".

 Como él mismo dice:

Conciencia, voluntad, práctica, tolerancia del miedo y de las nuevas experiencias: todo esto hace falta si ha de lograrse la transformación del individuo. En cierto momento, la energía y la dirección de las fuerzas interiores habrán cambiado hasta el punto de cambiar también el sentido de la propia identidad. Con la orientación al tener, mi lema es: "Soy lo que tengo". Superada esta orientación, el lema es: "Soy lo que estoy siendo", o "Soy lo que hago" (en el sentido de actividad no enajenada).